La UltiMaker Method X —nacida como MakerBot Method X— sigue teniendo una característica poco común incluso entre impresoras cerradas modernas: una cámara calentada activamente hasta 110 °C. Esa capacidad la orienta a ABS y otros materiales de ingeniería que se benefician de un entorno térmico estable, no al usuario que sólo busca imprimir PLA rápidamente.
La cámara activa es su ventaja real
El volumen con doble extrusión es de 152 × 190 × 196 mm y aumenta a 190 × 190 × 196 mm con un solo extrusor. Es pequeño para una máquina profesional de este tamaño, pero la cámara VECT controla activamente el aire y reduce gradientes térmicos. UltiMaker publica datos internos de precisión y resistencia para ABS; deben considerarse resultados del fabricante, no una garantía para cualquier pieza.
La boquilla alcanza 300 °C y el sistema de extrusores intercambiables permite adaptar el cabezal a diferentes familias de material. La doble extrusión es especialmente útil con soportes solubles, una aplicación mucho más relevante en ingeniería que imprimir dos colores.

Un flujo profesional que ha cambiado con los años
La Method X estuvo durante tiempo ligada al software MakerBot y a un ecosistema relativamente cerrado. Tras la integración de MakerBot y UltiMaker, Cura incorporó perfiles para Method X, dando acceso a muchos más ajustes. CloudPrint continúa como opción de gestión.
Ese cambio mejora la flexibilidad, pero también explica por qué las opiniones históricas sobre software son contradictorias: propietarios de distintas épocas han utilizado flujos muy diferentes. En 2024 algunos usuarios todavía reportaban dificultades con la integración de Cura, mientras otros recomendaban CloudPrint. En 2026 también aparecieron quejas comunitarias sobre dependencia de servicios cloud. Son experiencias concretas, no una prueba de que todas las unidades sufran el mismo problema.
Extrusores modulares y materiales técnicos
La familia Method utiliza extrusores directos intercambiables. Según configuración, hay cabezales para materiales estándar, composites y materiales de terceros. Esta modularidad facilita evitar contaminación cruzada y sustituir un conjunto completo cuando es necesario, aunque los extrusores propietarios incrementan el coste operativo frente a hotends genéricos.

Fiabilidad: evidencia muy dividida
Las experiencias de propietarios son especialmente polarizadas. Algunos describen la Method X como una máquina de trabajo capaz de encadenar impresiones largas y producir nylon con fibra de carbono o ABS de forma consistente. Otros relatan problemas de calidad, conectividad o soporte. La muestra comunitaria no permite afirmar que exista un único patrón de fiabilidad.
Lo que sí puede concluirse es que la Method X exige evaluarse como sistema profesional: disponibilidad de extrusores, servicio del distribuidor, materiales aprobados y software importan tanto como la mecánica. Una unidad sin soporte puede resultar mucho menos atractiva que la misma máquina dentro de un contrato o entorno empresarial.
El volumen es su limitación más evidente
Para útiles pequeños, prototipos funcionales y piezas de ABS, el volumen puede ser suficiente. Para carcasas grandes o utillajes voluminosos se queda corto frente a impresoras actuales. Además, el mercado de 2026 ofrece máquinas cerradas mucho más rápidas y económicas, aunque pocas igualan una cámara activa de 110 °C.
¿Merece la pena hoy?
La Method X conserva un nicho si se necesita específicamente ABS y materiales técnicos en un entorno térmico controlado, con doble extrusión y un flujo profesional conocido. Para PLA, PETG o prototipado general, su coste, volumen y ecosistema son difíciles de justificar.
Frente a la Factor 4, la Method X es más compacta y utiliza filamento de 1,75 mm, pero la Factor 4 ofrece un volumen mucho mayor y una plataforma industrial más reciente. Frente a impresoras de escritorio profesionales, la Method X gana por temperatura de cámara y pierde en volumen, velocidad y, a menudo, coste de propiedad. La compra tiene sentido cuando esa cámara de 110 °C resuelve un problema concreto.
